Páginas

Mostrando las entradas con la etiqueta discriminación. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta discriminación. Mostrar todas las entradas

5 de agosto de 2010

Señales en el Metro

Para todos los que usan el metro y ven estos autoadhesivos a diario pero los pasan por alto o no saben que significan siempre es bueno un recordatorio: la señalética sobre la preferencia de discapacitados, adultos mayores y embarazadas.


Pd: Recuerda, también, Cede tu Asiento

17 de julio de 2010

Cede tu Asiento ¡¡Por Favor!!

Hoy inicio formalmente la Campaña "Cede tu Asiento", para que las personas que realmente necesitan ir sentadas en el transporte público tengan un lugar seguro donde transportarse.

Tras los acontecimientos ocurridos esta última semana, que en los siguientes párrafos detallaré, creo necesario comenzar una campaña para que las personas que se manejan en el transporte público observena su alrededor y se den cuenta que hay personas que necesitan ir sentadas por su comodidad y seguridad.
Desde pequeña vengo a Santiago y siempre me manejé en metro. La forma más fácil y segura para mi salud. Además, a los lugares que iba era el mejor acceso. Las estaciones Ecuador, Universidad de Santiago y Universidad de Chile eran mis destinos. Ya de grande amplíe mi repertorio y todo lo que sea metro es donde más me acomoda.
Hasta hace unos días nunca había tenido un incidente tan potente como el que me ocurrió hace casi dos semanas. Me cambiaron de horario en el trabajo y salgo a una hora en que ya el tráfico de personas aumenta y todavía puedo subir sin mayor problema. El vagón iba lleno y como de costumbre miré si había un asiento libre, pasando entre las personas para ver también si alguien me cedía su asiento. Como nadie se movió, le pregunté a un joven mujer, como de entre 20 o 25 años, con mi típica frase "disculpa, podrías darme el asiento por favor" y ella me miró y de una me dijo: "No", acompañado una mirada de enojo por la pregunta, horrible. Yo la miré y solo atiné a decirle "gracias".
Me quedé para adentro, si me hubiera dicho un no de otra forma, quizás hasta puedo entender su situación, mas me miró de una forma que le molestó demasiado mi pregunta. En eso una señora se dio cuenta de mi presencia y le pidió el asiento a una niña que iba sentada en la fila del frente.
Esto ha sido lo más potente que me ha pasado, sin embargo con esto de viajar en un horario donde todos empiezan a salir del trabajo me ha costado más conseguir un lugar. Otro día pregunté a cuatro mujeres jóvenes que iba en una fila de cuatro asientos juntos y ninguna contestó.
Es triste ver como no existe conciencia social en nuestro país. Son pocas las personas que tienen el sentido de su entorno, que miran a su alrededor para saber que pasa y que no se quedan pegados en si mismos, imbuidos en sus problemas y sin siquiera una mirada de cordialidad. Una sonrisa o una cara amable no hace mal, tampoco quita pedazo, al contrario siempre trae de vuelta algo más positivo.
Es cierto, quizás muchos vayan cansados, hayan tenido un mal día o simplemente vieron un lugar y se sentaron, para tener un viaje más cómodo. Pero si usted ve a un anciano, a una señora embarazada o con guagua, a una persona enferma o a una persona discapacitada se consciente y piense en que esa persona puede necesitar más ese asiento, no se quede mirando, usted puede hacer algo.

30 de noviembre de 2009

Empleos dignos para una vida digna

“Trabajar dignifica a las personas”. Desde pequeños escuchamos esa frase, pues nos enseñaron que cada uno se valida ante la sociedad gracias a su empleo, su ocupación, su oficio, que nos da características particulares a nuestras formas de vida y que nos permite obtener bienes, mantener una familia, darse gustos y resguardar el futuro que nos depara.

Sin embargo, para la población con discapacidad nos es muy difícil optar a un empleo vacante debido a nuestra condición de salud y las trabas que imponen los empleadores al momento de aceptarnos. Por eso, muchas veces la contratación depende más de las ganas del empleador, que las propias aptitudes profesionales que tenga el discapacitado a la hora de optar un cargo.

Un discapacitado es juzgado dos veces al momento de buscar trabajo, primero por la capacidad para realizar la labor de forma similar a una persona normal debido a los problemas de salud y luego por el proceso que vive todo postulante, viendo si los antecedentes son como los requeridos para obtener el trabajo.

Si bien es cierta la aprensión que cada empleador tiene al contratar a alguien con una enfermedad, al dar la oportunidad ellos mismos se permite enriquecer el capital humano de su entorno laboral, demostrando al resto de la sociedad que la solidaridad no pasa con donar dinero para una institución solamente, sino también por abrir caminos para que tengamos una sociedad inclusiva.

Según el Fondo Nacional de Discapacidad (Fonadis) 29,2% de la población de discapacitados mayor de 15 años trabaja de forma remunerada. Esta cifra demuestra que son pocos quienes tienen una oportunidad para recibir un salario a fin de mes. Aunque en ningún momento este organismo explica a qué tipo de trabajador se hace referencia, si es dependiente o independiente, o si la cantidad recibida es acorde con los sueldos de un trabajador normal.

Porcentajes y aclaraciones vagas que dejan ver falencias en nuestro querido orgullo de país solidario e inclusivo, ya que solo de cada 4 personas con discapacidad que trabajan remuneradamente, 7 discapacitados no lo hacen. Además, el Fonadis reconoce que “el porcentaje de inserción laboral es cada vez menor según avanza el grado de discapacidad”, haciendo cada vez más amargo el panorama cuando uno piensa en buscar un lugar en la sociedad.

Al mirar esos números veo como nuestro esfuerzo por educarnos y tratar de salir adelante como seres humanos –más allá de las complicaciones de cada uno- se esfuman al intentar pelear contra ellos, al querer ganarles y finalmente sumar en vez de restar. Sin embargo, no hay que dejar de hacerlo, debemos dignificar nuestras vidas, demostrar que somos capaces de subsistir mediante méritos propios, no andar suplicando limosna ni menos permitir que se nos eduque sin apreciar que valemos y podemos tener una vida de adultos normales.

Columna escrita para el sitio de la Radio Universidad de Chile

9 de noviembre de 2009

Espacios Públicos Inhabilitados para la Igualdad

Los espacios públicos son esquivos con las personas discapacitadas. Están llenos de pequeños riesgos que para las demás personas pasan desapercibidos, pero que para nosotros pueden llegar a ser inminentes enemigos que nos acechan constantemente o grandes retos para poder llegar a un trivial destino.

Esto nos hace pensar muchas veces como nuestras ciudades se vuelven contra nosotros y también nos discriminan, al no querer que participemos de sus bellezas y particularidades. Calles, avenidas, plazas, parques y edificios no están adaptados para discapacitados, estando lejos de ser un lugar público y siendo relegados a lugares de recuerdos contradictorios.

Muchas veces solo falta una baranda, un desnivel, una rampla o una buena mantención para que estos lugares sean de beneficio público completamente. Tan solo un poco de inversión junto con otro de ingenio pueden variar el panorama, pues para los discapacitados los detalles son vitales, sobre todo en lo referente a la seguridad para generar la confianza necesaria y poder participar en actividades o concurrir a ciertas partes de la ciudad.

Esta realidad es inherente a todo nuestro país, pues desde la localidad más pequeña a las capitales de las regiones se observa un descuido en los espacios públicos, lo que va en merma directa de quienes tenemos alguna limitación física o de quienes emplean alguna ayuda para su desplazamiento, como sillas de ruedas, bastón, órtesis, prótesis o tal vez solo muletas de forma provisoria.

En la lógica de hacer a los espacios públicos lugares reales para la inserción social, el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo (Minvu) quiso dar un paso estableciendo diciembre de 2003 como fecha límite para que todos los edificios públicos contaran con accesos preferenciales para personas discapacitadas, generando una esperanza de que en esos sitios si encontraríamos un acceso expedito.

Mas han pasado casi seis años de que el Decreto 201 del Minvu expiró y debió ponerse en práctica, pero todavía existen edificios que no cumplen con tal requisito legal. Además, este decreto se convierte en moneda de cambio en tiempos de campañas presidenciales, donde los candidatos ofrecen hacerlo respetar como pronunciamiento principal al referirse sobre la discapacidad en sus programas.

Este tema debió quedar zanjado hace años y ahora es tiempo de actuar más que prometer, tanto por parte de los candidatos como del resto de los actores sociales. También es necesario que nosotros, los discapacitados, hagamos valer nuestros derechos de poder disfrutar los espacios públicos de forma digna y sin temor a una caída por la falta de una simple baranda.

Columna escrita para el sitio de la Radio Universidad de Chile.

14 de septiembre de 2009

Capacidad para Vivir

Hace unos días me invitaron a escribir una columna sobre la discapacidad y las promesas hechas por los candidatos presidenciales para la Radio Universidad de Chile. Entretenida experiencia que me hizo reflexionar sobre qué se necesita para lograr la integración en una sociedad que suele rechazarnos.


Capacidad para Vivir

Vivir con una discapacidad es una lucha constante. Es vivir día a día haciendo frente a una limitación impuesta por la vida, un enemigo que se vuelve amigo sólo para doblarle la mano, vencer a eso que limitó nuestras vidas y la de nuestras familias para siempre, y lograr un avance por mínimo que parezca.

Dentro de esta lucha se debe adicionar las barreras impuestas por la sociedad, esas que no se dicen, pero chocan en nuestra cara cuando se desea estudiar, trabajar, sociabilizar, entretenerse o simplemente caminar por las calles. En Chile somos más de dos millones personas las que vivimos con un tipo de discapacidad, ya sea física o mental, producto de enfermedades o accidentes, que tratamos de hacer una vida “normal” dentro de todas estas restricciones.

Para hacerle frente a las limitaciones sociales –las únicas que podemos erradicar- nuestra mejor arma es la educación. Educación para los discapacitados y para el resto de la población, pues la inclusión de cada uno pasa por enseñar desde pequeños que todos tenemos limitaciones y diferentes capacidades, pero que para algunos estas son más severas y coartan su vida de una forma irremediable.

Esa misma educación es necesaria para los discapacitados, pues con ella cada uno es capaz de tener herramientas igualitarias para salir adelante y progresar. Actualmente, somos pocos los beneficiados con contar más allá de los doce años de educación obligatoria y ser profesionales. Sin embargo, son nuevos los desafíos y la incertidumbre que se generan en este punto, para las que también se necesita educación dentro de la sociedad.

Todos estos desafíos deben ser afrontados no de manera individual como cada familia lo hace hasta ahora, sino que debe existir un sustento del Estado que permita generar una inclusión permanente para nosotros, las personas que contamos con una limitación en nuestro cuerpo. Este sustento debe abarcar desde los niños hasta los adultos, pues si bien es en la infancia el momento en que más herramientas se necesitan para afrontar la vida, en la adultez se viven momentos cruciales para poder lograr una independencia, algo que toda persona ve como un paso normal, y no continuar dependiendo de la familia, si es posible. En otros casos, poder tener un sustento cuando ya los padres no están.

El miércoles pasado me asombré al ver por televisión a cinco candidatos presidenciales en un lugar que reconocí al instante: el Instituto de Rehabilitación Infantil Teletón. Caminaban por los mismos pasillos que recorrí en mi infancia buscando rehabilitación, inclusión y seguridad, lo que el Instituto me dio y que ese día los presidenciables prometieron para todos las personas discapacitadas del país.

Sus pronunciamientos fueron variados, desde hacer cumplir la ley de acceso a edificios públicos, fomentar al deporte, el trabajo y la educación, hasta la integración a la sociedad. En cierto punto estoy de acuerdo con esos temas, pues todos son importantes para el desarrollo personal y profesional, pero es sabido que varios de ellos flaquean aún para personas con todas sus capacidades óptimas.

Lo importante es que en un próximo gobierno se nos tome en consideración, se piense más allá de 27 horas durante un año y desde diferentes visiones, no sólo desde la más reconocida. Si bien yo asistí a aquella institución y su labor es importante, no es la única que existe en nuestro país. Además, atiende ciertos tipos de afecciones hasta determinada edad, por lo que es justo que al formar una política nacional de discapacidad sea sin distinciones.

Mientras la clase política de nuestro país se pone de acuerdo y crea una red de protección social acorde con las necesidades que una persona discapacitada tiene, debemos seguir luchando y forjando una inserción social real, dentro de nuestras comunidades, escuelas, universidades, trabajos, medios de comunicación y donde sea posible, para crear conciencia que tenemos capacidad para vivir.

10 de mayo de 2009

Conciertos y Discriminación.. 2

Para muchos fue una sorpresa cuando se enteraron por Facebook, el diario La Tercera o este blog el impass que sufrí cuando pregunté MovistarArena sobre locaciones para personas discapacitadas sin silla de ruedas y una funcionaria respondió “sugiriéndome” que “con esa enfermedad es mejor que no asista a eventos como este”. Bueno, al final muchos no se enteraron la solución, por eso ahora me siento a escribir todos lus detalles.

Tras la publicación de mi carta, en Cartas al Director del diario La Tercera, contando todo lo sucedido, la discriminación y el no recibir una respuesta de parte de la empresa, ese mismo día recibí un mensaje en mi casilla de Facebook donde me escribía el Jefe de Marketing de MovistarArena, quien deseaba comunicarse conmigo.

Conté mi versión y comenté que lo que más me molestaba era la respuesta fuera de lugar dada por su funcionaria, quien me discriminó de todo evento masivo. Con todo esto, la empresa me ofreció como solución ubicarme a mi y mis acompañantes en Tribuna Bicentenario, lugar reconocido (por ellos) de tener mala visión por estar sobre platea alta. Nosotros solo debíamos comprar entradas en platea alta (las más baratas) y ese día nos ubicaría más arriba para evitar los problemas que podrían sucederse más abajo.

Llegado el 5 de mayo, junto a la Montse y el Pelao (mis acompañantes) llegamos al lugar y nos ubicaron en la parte más alta del lugar. Nosotros sabíamos que la visión iba a ser limitada, y aceptamos para vivir esa experiencia y no quedar con la duda. Sin embargo, nunca pensamos que al final el mismo problema de las plateas sucediara en tribuna. Al día siguiente al evento, el Jefe de Marketing volvió a escribirme para preguntarme sobre el evento, donde le relaté todo lo sucedido ese día. Aquí les dejo un extracto de mi respuesta:
...Sobre la ubicación en Tribuna Bicentenario, creo que sucedió lo mismo que me habría sucedido estando en una de las plateas: el resto del público se agolpa a la baranda y no me dejaba ver el show, así que tuve que ubicarme en la fila más alta para poder ver por sobre y entre medio de sus cabezas, lo que imposibilitó una clara apreciación del espectáculo.

Si bien acepté, aun sabiendo que estábamos en lo más alto del recito y se vería desde más lejos, nunca imaginé que el resto de los asistentes de ese sector se quedan parados mirando desde el pasillo, teniendo que mirar por sobre ellos para poder ver algo.

Otro punto importante fue la salida del recinto. Junto a mis amigos bajamos por el ascensor y cuando salimos, queríamos dirigirnos a la salida de Beaucheff, sin embargo los guardias nos dijeron que ya no estaba habilitada y debimos caminar mucho para llegar a una de las salidas (por Av. Matta), pues nos iban a ir a buscar en vehículo.

Creo que este es un punto importante para las personas discapacitadas, considerar la salida expedita para las personas que ven en locomoción o pasan a buscar y para los que ven en vehículo tener habilitados estacionamientos cercanos a la entrada al recinto...

Al parecer esta no fue la respuesta esperada por los señores de MovistarArena, lamentablemente fue lo que me sucedió ese día y considero importante que conozcan mi visión con el más sincero deseo que a futuro puedan mejorar su servicio. Esto también lo relaté en el correo:
...Espero que mi experiencia sirva que consideren una política clara y explicita para las personas con discapacidad y que piensen más allá de una silla de ruedas, unas muletas o un bastón, somos muchos con problemas físicos que nos movilizamos por nuestros propios medios, pero que necesitamos ir acompañados y/o debemos tener preocupaciones especiales al asistir a estos eventos. Porque sí tenemos derecho a ir donde queramos, tomando todas las consideraciones del caso.
Agradezco el apoyo que recibí de parte de muchas personas, desde mi familia, amigos, cercanos hasta aquellos que se leyeron mi carta en el diario, por preocuparse al saber que pasé un mal momento debido a que personas ignoran el desarrollo de la vida de una persona con discapacidad.

Confio en que todos los quienes me conocen y saben cuanto hago en mi vida para adecuarme a la vida "normal", se den cuenta que hay personas que no tienen las patas para reclamar o sacar la voz cuando un problema de esta manera sucede ante sus ojos.

5 de abril de 2009

Conciertos y Discriminación..

Hola,

suelo escribir mis problemas en mi blog de forma más literaria, usando metáforas o analogías, relatando una historia o viéndolas desde otro punto, pero no lo hago tan puntual como lo haré hoy.

Deseo mucho ir al concierto de Oasis, así que decidí hacer lo mismo que hago para ir a alguna parte donde debo tomar precauciones: averiguo y pregunto sobre las condiciones y la seguridad que ofrecen para personas discapacitadas. Ahí fue cuando vino el problema, llamé a MovistarArena -lugar donde se realizará el concierto- y me discriminaron por mi condición.

Primero llamé a Time 4 Fun (T4F), la productora del evento, y me dieron la clásica respuesta de que habilitan un lugar solo para discapacitados en silla de ruedas y me preguntaron si ese día podía conseguirme una e ir en ella para no tener problema.

"No creo que Oasis haga milagros" esa fue mi respuesta, porque me carga que lo digan así de simple. Si a una persona sin problemas de salud le dicen eso, se sentiría agredida y alegaría, a mi me lo han dicho tantas veces que les hago ver el error que comenten y no alego más. Así fue la conversación con T4F, todo terminó con una negativa de ellos, pero siempre con un trato decente.

Luego llamé a Ticketmaster, ellos no tienen mucho que ver, pero como en T4F me pelotearon para allá igual llamé. No perdía nada. Me respondieron que no tenían nada que ver y que dependía de la productora y del local si ponía asientos para discapacitados. Como ya había llamado a la productora, no me quedaba otro camino: llamar a MovistarArena.

Ahí fue cuando pasó lo que pasó. Una terrible experiencia, de esos momentos en la vida por los que tienes que reclamar. La historia completa está en la carta de reclamo que les mandé a la empresa. Aquí se las dejo para que la lean.

Estimados MovistarArena,

Escribo para denunciar una situación que me acaba de acontecer al llamar por teléfono a MovistarArena, para preguntar sobre si se tiene habilitados espacios para personas discapacitadas en el local.

Al explicar mi situación a Jenny (funcionaria que me atendió) de que soy discapacitada, pero no uso silla de ruedas, ella me contestó de que solo cuentan con lugares para personas que emplean ese aparato para movilizarse.

Entonces, le comento que yo deseo mucho asistir al concierto de Oasis, pero que padezco de una enfermedad osteogénesis imperfecta (conocida como huesos de cristal) y no puedo asistir a lugares con aglomeraciones de personas, por eso deseo saber si en este caso también habilitan el sector de discapacitados, ella me respondió “sugiriéndome” que “con esa enfermedad es mejor que no asista a eventos como este”.

Ante tal respuesta me siento discriminada, pasada a llevar y mirada en menos, pues yo pretendo pagar el servicio como cualquier persona que asista al concierto y de igual manera deseo disfrutarlo.

Yo sé que medidas debo tomar para asistir a eventos como este, por eso estoy llamando a MovistarArena, a T4F y a Ticketmaster y nadie me ha dado una solución concreta, aunque en las dos últimas se me respetó como persona.

Espero que esta situación sea subsanada y personas con diversas discapacidades podamos asistir a cualquier lugar libremente, porque los organizadores de antemano se preocuparon del tema.

Atentamente,

Andrea Medina Medina
Periodista
Licenciada en Comunicación Social

Como NO recibí una respuesta tras una semana y media, decidí enviar una carta a los medios (La Tercera, El Mercurio y Las Últimas Noticias), porque esto no debe quedar así ni tampoco debe seguir ocurriendo, hay que meter ruido para exigir una respuesta.

Hay que hacer entender a TODO EL MUNDO que las personas discapacitadas tenemos derecho a disfrutar un concierto, una fiesta, una cena y todos los eventos de una vida como los demás, pero sabemos que teniendo en cuenta nuestras limitaciones y tomando las precauciones que siempre tomamos.

El día viernes 3 de abril apareció mi carta en La Tercera y al otro día ocurrió algo inesperado, una persona escribió por mi reclamo. Me siento feliz, porque hay personas que se preocupan de que darnos espacios necesarios más allá de los días de la Teletón.

Gracias Enrique Martínez P. por tu apoyo y gracias a todos mis familiares y amigos que siempre me han brindado su cariño y apoyo.


4 de marzo de 2006

miradas de niños

nunca se debe subestimar una impresión de un niño, son demasiado despiertos y son capaces de impresionarse con muchas cosas. se fijan en cada detalle, por mínimo que este sea. toda mi vida he sido objeto de admiración infantil. sus ojos se abren gigantes cuando paso por el lado de uno de ellos y se quedan pegados observándome. claro, en un principio no me daba cuenta, también era una niña como ellos, pero luego al ir creciendo se tornó un tanto molesta, no entendía por qué los niños me miraban si yo era un poquito mayor que ellos. con el tiempo me di cuenta que era extraña para ellos, que parecía soy de su porte pero mis facciones y acciones no corresponden a las que ellos.

son chistosos, porque los niños que me quedan viendo se paralizan y no saben cómo actuar, la mayoría le dice a su mamá, papá o acompañante de turno: "mira la niña", otros se quedan pegados y no reaccionan cuando los llaman o caminan mirándome, lo que les ocaciona más de algún tirón, choque o tropiezo, solo por no poner atención por donde caminan.

a veces solo les sonrio u otras les digo 'hola', ahí muchos me responeden y se dan vuelta, se quedan tranquilos de saber que soy 'normal' y no un extraterrestre del último planeta de la galaxia estelar o una cosa por el estilo. algunos, generalmente niñas, me empiezan a conversar, me preguntan que te pasó en los huesos o un simple por qué eres así, y les digo que tengo un problema en los huesos, que son débiles. ellos con una simple respuesta se quedan tranquilos y ya, problema solucionado.

lamentablemente, esto ocurre con algunos adultos. personas 'grandes' se quedan pegadas mirándome como bicho raro, como si tuviera algún extraño mal que les choca y no les agrada. en este último tiempo lo he vivido en mis viajes en metro, cuando en vez de preguntarme si necesito el asiento, se quedan todo el viaje viéndome, sin pensar que podría necesitar el asiento. pero bueno, no todos tienen la noción de vivir con una persona discapacitada al lado.

por eso me gusta la simpleza de los niños, que no se cuestionan nada y solo preguntan que me pasa, o se ponen nerviosos cuando los saludo. si al fin y al cabo son niños, ellos deben aprender a vivir sabiendo que todas las personas somos distintas, sin importar nada más.

linkwithin

Blog Widget by LinkWithin